dissabte, de desembre 15, 2007

El tigre oveja

Al atacar a un rebaño, una tigresa dio a luz y poco después murió. El cachorro creció entre las ovejas y llegó él mismo a tomarse por una de ellas, y como una oveja llegó a ser considerado y tratado por el rebaño.

Era sumamente apacible, pacía y balaba, ignorando por completo su verdadera naturaleza. Así transcurrieron algunos años.

Un día llegó un tigre hasta el rebaño y lo atacó. Se quedó estupefacto cuando comprobó que entre las ovejas había un tigre que se comportaba como una oveja más. No pudo por menos que decirle:

- Oye, ¿por qué te comportas como una oveja, si tú eres un tigre?

Pero el tigre oveja baló asustado.

Entonces el tigre lo condujo ante un lago y le mostró su propia imagen.

Pero el tigre oveja seguía creyéndose una oveja, hasta tal punto que cuando el tigre recién llegado le dio un trozo de carne ni siquiera quiso probarla.

- Pruébala - le ordenó el tigre.

Asustado, sin dejar de balar, el tigre-oveja probó la carne. En ese momento la carne cruda desató sus instintos de tigre y reconoció de golpe su verdadera y propia naturaleza.

divendres, de novembre 30, 2007

Recompensa por el burro perdido

Un día Nasreddin pierde su burro. Enseguida se va al mercado y se pone a gritar:

-“Al que encuentre mi burro se lo daré de regalo junto con sus alforjas”

Sus vecinos y amigos al oírle le preguntan extrañados:

-“Pero, Maestro, ya que lo vas a regalar, ¿para qué lo estás buscando?

Nasreddin sonríe moviendo la cabeza y contesta:

-“Vosotros no sabéis lo que es el placer de encontrar algo perdido…”

La prueba de los cuatro elementos

En el principio de los tiempos los hombres utilizaban armas de piedra, que se quebraban con facilidad; pasados los siglos las sustituyeron por utensilios de hierro, que si bien eran mucho menos resquebrajadizos, presentaban la desventaja de oxidarse rápidamente. Y entonces a un herrero se le ocurrió la feliz idea de crear una aleación de metales que llamó acero. Pero el acero, para llegar a serlo, debe pasar por las pruebas de los elementos: primero por el fuego para fundirse, acto seguido por el agua y por el aire, para endurecerse, y finalmente por la piedra para forjarse. Y por fin se convierte en espada de acero, las más resistente de las armas.

- Y supongo - dije yo, irónica - que la moraleja de la historia es que una sólo se hace fuerte después de superar todo tipo de pruebas.

- Fuerte no. Fuertes lo eran ya la piedra y el hierro - afirmó ella categórica -. Flexible. Ahí radica la diferencia. No puedes sobrevivir si no lo eres.

Beatriz y los cuerpos celestes, Lucía Etxebarría (pág. 237)

El pueblo de Highlands

En Highlands, durante la guerra, sus habitantes organizaron una muralla de defensa en su puerto formada por veinte bombarderos que habían recibido la orden de atacar a todo navío que llegara.

Aquel remoto lugar estaba situado en un valle rodeado por montañas y resultaba prácticamente inaccesible por tierra. Era un pueblo tan puñeteramente insignificante que al Almirantazgo se le olvidó enviar por cable la noticia de que la guerra había acabado. Así que durante años y años el pueblo permaneció incomunicado, atacando a todo barco que intentaba aproximarse...

Beatriz y los cuerpos celestes, Lucía Etxebarría (pág. 243)

dimarts, d’octubre 30, 2007

El Campesino y el Burro


Un día, el burro de un campesino se cayó en un pozo. El animal lloró fuertemente por horas, mientras el campesino trataba de ayudarlo.

Finalmente, el campesino decidió que el burro ya estaba viejo, el pozo ya estaba seco y necesitaba ser tapado de todas formas; que realmente no valía la pena sacar al burro del pozo.

Invitó a todos sus vecinos para que vinieran a ayudarle. Cada uno agarró una pala y empezaron a tirarle tierra al pozo.

El burro se dio cuenta de lo que estaba pasando y lloró horriblemente.  Luego, para sorpresa de todos, se aquieto después de unas cuantas paladas de tierra.

El campesino finalmente miró al fondo del pozo y se sorprendió de lo que vio...
Con cada palada de tierra, el burro estaba haciendo algo increíble: se sacudía la tierra y daba un paso encima de la tierra.

Muy pronto todo el mundo vio sorprendido como el burro llegó hasta la boca del pozo, pasó por encima del borde y salió trotando...

La vida va a tirarte tierra, todo tipo de tierra... el truco para salir del pozo es sacudírsela y usarla para dar un paso hacia arriba.

dilluns, d’agost 20, 2007

El equipaje de las otras personas

Una señora quería comprar dos billetes en primera de Madrid a Argentina. En el momento de solicitar los números de pasaporte de las personas que viajan, el empleado de la compañía aerea se da cuenta que el acompañante es un mono. El vendedor consulta si un mono puede viajar en primera y la compañía se opone al deseo de la señora.

La señora muy influyente, hace uso de sus contactos y consigue, gracias a la recomendación de la dirección de la compañía, que el mono pueda viajar en una jaula especial cubierta con una lona en la zona del equipaje de mano.

La señora disgustada acepta y el día del embarque llega con la jaula cubierta con una lona con el nombre del mono bordada: "Federico". Ella misma supervisa que quede bien instalada y se despide de él tocando la lona y diciendo: "Pronto estaremos en tu tierra, Federico, tal y como se lo prometí a Juan"

A mitad del viaje, a un azafato se le ocurre llevarle un plátano al mono y, al destapar la lona, se da cuenta de que el mono está muerto en la jaula. Avisa al resto de la tripulación, con consternación y sabiendo las influencias de la señora, informan de lo acontecido a la supervisión para pedir instrucciones. La supervisión de la compañía decide que la señora no se entere de nada para que sus puestos de trabajo no peligren y deciden enviar una foto del mono al aeropuerto argentino para reemplazar el mono en destino.

Al llegar al aeropuerto, el personal sigue al pie de la letra las instrucciones y sustituyen el mono. Comparan el mono vivo con el mono muerto, le hacen algunos retoques, lo encierran en la jaula y se llevan al otro antes de que la señora se dé cuenta.

Al salir del avión, el personal le entrega el mono a la señora.

- Ay, Federico, Federico. Finalmente, ya estamos en tu tierra... - dice la señora descubriendo al mono - Pero... ¡Si este no es Federico!

- ¿Cómo que no? ¿No lo ve señora, es su mono, el que entró en el avión?

- ¡Este no es Federico!

- Señora, todos los monos son iguales. ¿Cómo sabe que no es Federico?

- Porque el Federico... estaba muerto.

La señora llevaba el mono a enterrar a Argentina. Era una promesa que le había hecho a su marido antes de que él mismo muriese.

No se pueden llevar la música


Mesé Figueredo era un mago del acordeón. En la explanada de Colombia no se celebraba ninguna fiesta sin él. Fuese la fiesta que fuese, Mesé Figueredo tenía que estar allí con sus hábiles dedos que alegraban el ambiente y revolucionaban las piernas.


Una noche en un camino perdido, iba Mesé Figueredo hacia una boda, él encima de una mula, encima de otra mula el acordeón. Unos ladrones le tendieron una emboscada, le saltaron encima y lo apalizaron.


Al día siguiente, alguien lo encontró. Tirado en el camino, hecho un guiñapo. La ropa hecha jirones, sucia de sangre y de polvo. Estaba más muerto que vivo y dijo con un hilo de voz:


- Se han llevado las mulas.


El caminante lo iba enderezando y le recomendaba que no hablara para reservar fuerzas, pero Mesé Figueredo continuó:


- Se han llevado el acordeón.


Volvió a coger aliento y sonrió:


- ¡Pero no han podido llevarse la música!


Recogido y adaptado del libro: L'Ecologia Emocional, Mercè Conangla i Jaume Soler (pág. 283)

dilluns, de juliol 30, 2007

La sed


Un hombre estaba perdido en el desierto, destinado a morir de sed.

Por ventura, llegó a una cabaña vieja, desmoronada, sin ventanas, sin techos, el hombre anduvo por ahí y se encontró con una pequeña sombra dónde acomodarse para huir del calor y del sol desértico.

Mirando a su alrededor, vio una vieja bomba de agua, toda oxidada, se arrastró hacia allí, tomó la manivela y comenzó a bombear, a bombear y a bombear sin parar, pero nada sucedía!

Desilusionado, cayó postrado hacia atrás; notó que a su lado había una botella vieja, la miró, la limpió de todo el polvo que la rodeaba, y pudo leer un recado que decía: Usted necesita primero purgar la bomba con toda el agua que contiene esta botella mi amigo, después, por favor tenga la gentileza de llenarla nuevamente antes de marchar.

El hombre desenroscó la tapa de la botella, y en realidad, ahí estaba el agua.

¡La botella estaba llena de agua!

De repente, él se vio en un dilema:

Si bebía aquel agua podría sobrevivir, pero si la vertía en esa bomba vieja y oxidada, tal vez obtendría agua fresca, bien fría, del fondo del pozo, y podría tomar toda el agua que él quisiese, o tal vez no, tal vez, la bomba no funcionase y el agua de la botella sería desperdiciada...

¿Qué debía hacer?

¿Derramar el agua en la bomba y esperar a que saliese agua fresca o beber el agua estancada de la botella e ignorar el mensaje?

¿Debería perder toda aquella agua en la esperanza de aquellas instrucciones poco confiables escritas no se cuánto tiempo atrás?

Con reluctancia, el hombre derramó toda el agua en la bomba, enseguida agarró la manivela y comenzó a bombear y bombear, y la bomba comenzó a rechinar sin parar, pero… ¡nada pasaba!

La bomba continuaba con sus ruidos y entonces surgió un hilo de agua, después un pequeño flujo y finalmente, el agua corrió con abundancia, agua fresca, cristalina, él llenó la botella y bebió ansiosamente, la llenó otra vez y tomó aún más de su contenido refrescante.

Enseguida, la llenó de nuevo para el próximo viajante, la llenó hasta la boca, tomó la pequeña nota y aumentó la frase "CRÉAME FUNCIONA".

dimecres, de juliol 11, 2007

Aprendí

  • He aprendido que la vida es como un rollo de papel higiénico. Cuanto más se acerca a su final, más rápido se va.


  • He aprendido que debería estar contenta de que Dios no me conceda todo lo que pido.


  • He aprendido que el dinero no me da estatus.


  • He aprendido que son las pequeñas y cotidianas cosas las que hacen la vida tan espectacular.


  • He aprendido que muy dentro de cada persona hay alguien que desea ser apreciada/o y amada/o.


  • He aprendido que Dios no lo hizo todo en un día. ¿Que me hace pensar que yo sí puedo?


  • He aprendido que ignorar las cosas, no las cambia.


  • He aprendido que cuando quiero desquitarme de alguien, sólo permito que siga hiriéndome.


  • He aprendido que es el amor, y no el tiempo, lo que cura las heridas.


  • He aprendido que la mejor manera que existe de crecer es rodearse de personas que sean más listas que yo.


  • He aprendido que cualquier persona que conozca, merece ser saludada con una sonrisa.


  • He aprendido que no hay nada más dulce que dormir con bebés y sentir su respiración en las mejillas.


  • He aprendido que ninguna persona es perfecta hasta que me enamoro de ella.


  • He aprendido que la vida es dura, pero yo lo soy más.


  • He aprendido que las oportunidades nunca se pierden, las que yo desperdicie, alguien las encontrará.


  • He aprendido que si albergo amargura, la felicidad buscará otro sitio para albergarse.


  • He aprendido que me hubiera gustado decirle muchas veces a mi familia que la quiero, antes de que muera.


  • He aprendido que debo pronunciar palabras suaves y tiernas, porque el día de mañana tendré que comérmelas.


  • He aprendido que una sonrisa es la forma más barata de mejorar mi apariencia.


  • He aprendido que no puedo escoger como me siento, pero sí como actuar al respecto.


  • He aprendido que cuando un bebé me coge un dedo con su mano, me agarra para toda mi vida.


  • He aprendido que todas las personas quieren vivir en la cima de la montaña, pero toda la felicidad y crecimiento ocurren mientras la estamos subiendo.


  • He aprendido que sólo debo aconsejar en dos circunstancias: cuando me lo pidan y cuando la vida de alguien corra peligro.


  • He aprendido que cuanto menos tiempo tengo para trabajar, más cosas hago.

dilluns, de juliol 09, 2007

Racionalizar nuestros pensamientos y Coaching

¿Es el proceso de Coaching un proceso de racionalización? ¿Darle nombre a lo que pasa para entenderlo y tirar adelante?

Sé que el Coaching no analiza los problemas, ya que el Coaching los transforma en retos o los aparca para seguir, seguir adelante.

Parece que si no explicamos lo que queremos, no tenemos rumbo. Debemos saber qué nos gusta y que nos guste siempre. Si no lo hacemos así, no somos personas racionales.

Si yo misma me autocoacheara, me preguntaría si necesito ser racional. La respuesta es NO. Pero tampoco me satisface. Yo soy de acción y sé que cuando hago cosas, me siento realizada. Cuando las reflexiono, analizo los motivos por los cuales he hecho una u otra cosa o analizo las causas que me mueven a hacer una u otra.

En todos los manuales indica que hay que analizar, que debemos realizar un DAFO, que debemos saber las causas y los efectos. Pero si no llegamos a hacer nada porque estamos entretenidos con DAFOS, ¿a quien le importa los porqués?

A mí. Resulta que necesito saber el porqué de todo. No de las otras personas, sino los míos, de mis acciones, pensamientos, palabras... Todo debe tener una explicación y el día que estoy de bajón, existe una causa y el día que estoy contenta también...

Pierdo tanto tiempo en ese análisis tan profundo que no sé encontrar el equilibrio entre la acción y el análisis. No quiero tirarme a la piscina y en el aire darme cuenta de que no hay agua. Quiero ver que hay agua y luego tirarme. No hace falta saber si el agua está a la temperatura adecuada, si cuando salga hará frío o si hago un salto perfecto. Me interesa tirarme, con agua eso sí.

Sigo buscando ese equilibrio que sigo sin encontrar. Los días que paso a la acción soy feliz, los días que reflexiono me hacen sentir inteligente, bien conmigo misma. Pero si me miro demasiado el ombligo, ya vuelvo a estar de bajón.

Vuelve a ser un tema de sostenibilidad, de equilibrio...

Vuelvo a coachearme:
- ¿Hace falta encontrar ese equilibrio?

Respondo:
- Necesito racionalizarme. Entiendo que soy una persona con otras inteligencias: emocional, musical... hasta nueve creo que son en total. Pero soy demasiado racional para dejarme llevar por otra que no sea así.

Coach: ¿Y qué vas a hacer?
Cris: Voy a desarrollar el resto de inteligencias.
Coach: ¿Cómo?
Cris: No tengo ni idea, pero ya me he cansado de tanto pensamiento racional.

dilluns, de juliol 02, 2007

Riesgos de volar bajo

”Cuando empecé a pilotar, mi angustiada madre, ya que no podía disuadirme de tan insólita locura, me recomendó que, por lo menos, tuviera mucha prudencia: “Vuela bajito y despacito, hijo mío!” Era un entrañable pésimo consejo: no hay nada tan peligroso para un avión como volar despacio y además a poca altura. En realidad los aviones no pueden volar despacio por definición. Se mantienen en vuelo justamente gracias a la fuerza de sustentación generada por el aire que se desliza a gran velocidad a lo ancho del perfil del ala (…)

Así, pues, el arte de volar es bastante paradójico: la seguridad crece con la altitud (dentro de un orden), con la velocidad (hasta cierto punto) y con el frío (sin pasarse). Pero hay más paradojas: hay que despegar contra el viento (…)

La vida también se pilota así: contra el viento, alto y deprisa. Volar bajo es peligroso. Las personas que viven tocando tierra se engañan con la falsa esperanza de recibir tan sólo un golpe suave en caso de caída. En realidad, no hay nada tan seguro como poner aire de por medio, o sea, grosor existencial, altura de miras. Uno no puede limitar sus aspiraciones al bacatazo soportable, entre otras razones, porque nadie se estrella nunca muellemente: es imposible capotar con elegancia, siempre se quiebran muchas cosas cuando uno se desploma.

Lo prudente es volar alto y encarar los vientos, dominar el planeo y verlas venir. La prudencia es enemiga de la pusilanimidad: los timoratos acaban siendo temerarios. Los buenos navegantes, en caso de galerna, prefieren el mar abierto, lejos de la costa y sus peligrosos rompientes. Los temporales hay que capearlos con espacio de maniobra. Las águilas nunca se caen, mientras que las gallinas chocan incluso con su propio bebedero en sus cortos vuelos rasantes.”

(Ramón Folch: “El vicio de mirar: pasiones y paisajes de un ecólogo”)

Boletín Semanal Espai Coach

dijous, de juny 21, 2007

Lenguaje, pensamiento y realidad

"Las imágenes brotan de las ideas. Las palabras ilustran las imágenes. Para dar cuenta de las ideas, nada mejor que las imágenes; para dar cuenta de las imágenes, nada mejor que las palabras. Las palabras nacen de las imágenes y, por tanto, se meditan las palabras para observar las imágenes; las imágenes nacen de las ideas y, por tanto, se meditan las imágenes para observar las ideas. Por medio de las ideas se da cuenta de las imágenes, y éstas se hacen explícitas en las palabras. En consecuencia, como las palabras son aquello de lo cual dependen las ideas, una vez que se han obtenido las ideas, se olvidan las imágenes. De la misma manera, "la trampa sirve para cazar conejos, pero una vez cazado el conejo, se olvida la trampa". Siendo esto así, las palabras son la trampa para las imágenes, y éstas, la trampa para las ideas. Por tanto, quien se mantenga preso de las palabras no podrá obtener las ideas. Las imágenes nacen de las ideas, pero si uno se mantiene fijado en las imágenes mismas, en tal y como las entendemos aquí. Las palabras nacen de las imágenes, pero si uno se mantiene preso por las palabras, en realidad, en lo que uno se fija no serán las palabras. Si esto es así, quien se olvide de las palabras obtendrá imágenes. Obtener las ideas dependerá de olvidar las imágenes y obtener las imágenes dependerá de olvidar las palabras. Así, aunque las imágenes se establecen para dar cuenta de las ideas, las imágenes pueden olvidarse."

Yijing: el libro de los cambios (pág. 88)

dilluns, de juny 04, 2007

La voz interior del roble

En algun lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un hermoso jardín con manzanos, naranjos, perales y bellisimos rosales, todos ellos felices y satisfechos.

Todo era alegría en el jardín, excepto por un árbol profundamente triste. El pobre tenía un problema: ¡No sabía quién era!

Lo que le faltaba era concentración, le decía el manzano: "Si realmente lo intentas, podrás tener sabrosísimas manzanas, ¡ve que fácil es!"

"No lo escuches", exigía el rosal. "Es más sencillo tener rosas y ¡ve que bellas son!"

Y el árbol desesperado, intentaba todo lo que le sugerían, y como no lograba ser como los demás, se sentía cada vez más frustrado.

Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, exclamó:
"No te preocupes, tu problema no es tan grave, es el mismo de muchísimos seres sobre la Tierra. Yo te daré la solución... No dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas. Sé tú mismo, conócete... y para lograrlo, escucha tu voz interior."

Y dicho ésto, el búho desapareció.
"¿Mi voz interior?... ¿Ser yo mismo?... ¿Conocerme?..."

Se preguntaba el árbol desesperado, cuando de pronto, comprendió. Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y por fin pudo escuchar su voz interior diciéndole: "Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni floreceras cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble, y tu destino es crecer grande y majestuoso. Dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros, belleza al paisaje... Tienes una misión: ¡Cúmplela!"

Y el árbol se sintió fuerte y seguro de si mismo y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado. Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos. Y sólo entonces el jardín fue completamente feliz.

Yo me pregunto al ver a mi alrededor, ¿Cuántos serán robles que no se permiten a si mismos crecer?... ¿Cuántos serán rosales que por miedo al reto, sólo dan espinas?... ¿Cuántos, naranjos que no saben florecer?

En la vida, todos tenemos un destino que cumplir y un espacio que llenar. No permitamos que nada ni nadie nos impida conocer y compartir la maravillosa esencia de nuestro ser. ¡Nunca lo olvides!

El rey y la verdad

El rey había entrado en un estado de honda reflexión durante los últimos días. Estaba pensativo y ausente. Se hacía muchas preguntas, entre otras por qué los seres humanos no eran mejores. Sin poder resolver este último interrogante, pidió que trajeran a su presencia a un ermitaño que moraba en un bosque cercano y que llevaba años dedicado a la meditación, habiendo cobrado fama de sabio y ecuánime.

Sólo porque se lo exigieron, el eremita abandonó la inmensa paz del bosque.
- Señor, ¿qué deseas de mí? -preguntó ante el meditabundo monarca.
- He oído hablar mucho de ti -dijo el rey-. Sé que apenas hablas, que no gustas de honores ni placeres, que no haces diferencia entre un trozo de oro y uno de arcilla, pero todos dicen que eres un sabio.
- La gente dice, señor -repuso indiferente el ermitaño.
- A propósito de la gente quiero preguntarte -dijo el monarca-. ¿Cómo lograr que la gente sea mejor?
- Puedo decirte, señor -repuso el ermitaño-, que las leyes por sí mismas no bastan, en absoluto, para hacer mejor a la gente. El ser humano tiene que cultivar ciertas actitudes y practicar ciertos métodos para alcanzar la verdad de orden superior y la clara comprensión. Esa verdad de orden superior tiene, desde luego, muy poco que ver con la verdad ordinaria.

El rey se quedó dubitativo. Luego reaccionó para replicar:
- De lo que no hay duda, ermitaño, es de que yo, al menos, puedo lograr que la gente diga la verdad; al menos puedo conseguir que sean veraces.

El eremita sonrió levemente, pero nada dijo. Guardó un noble silencio.

El rey decidió establecer un patíbulo en el puente que servía de acceso a la ciudad. Un escuadrón a las órdenes de un capitán revisaba a todo aquel que entraba a la ciudad. Se hizo público lo siguiente:
“Toda persona que quiera entrar en la ciudad será previamente interrogada. Si dice la verdad, podrá entrar. Si miente, será conducida al patíbulo y ahorcada”.

Amanecía. El ermitaño, tras meditar toda la noche, se puso en marcha hacia la ciudad. Su amado bosque quedaba a sus espaldas. Caminaba con lentitud. Avanzó hacia el puente. El capitán se interpuso en su camino y le preguntó:
- ¿Adónde vas?

- Voy camino de la horca para que podáis ahorcarme - repuso sereno el eremita.

El capitán aseveró:
- No lo creo.
- Pues bien, capitán, si he mentido, ahórcame.
-Pero si te ahorcamos por haber mentido -repuso el capitán-, habremos convertido en cierto lo que has dicho y, en ese caso, no te habremos ahorcado por mentir, sino por decir la verdad.
- Así es -afirmó el ermitaño-.
Ahora usted sabe lo que es la verdad... ¡Su verdad!

Víctima de la sed

Lentamente, el sol se había ido ocultando y la noche había caído por completo. Por la inmensa planicie de la India se deslizaba un tren como una descomunal serpiente quejumbrosa.

Varios hombres compartían un departamento y, como quedaban muchas horas para llegar al destino, decidieron apagar la luz y ponerse a dormir. El tren proseguía su marcha. Transcurrieron los minutos y los viajeros empezaron a conciliar el sueño. Llevaban ya un buen número de horas de viaje y estaban muy cansados. De repente, empezó a escucharse una voz que decía:

- ¡Ay, qué sed tengo! ¡Ay, qué sed tengo!

Así una y otra vez, insistente y monótonamente. Era uno de los viajeros que no cesaba de quejarse de su sed, impidiendo dormir al resto de sus compañeros. Ya resultaba tan molesta y repetitiva su queja, que uno de los viajeros se levantó, salió del departamento, fue al lavabo y le trajo un vaso de agua. El hombre sediento bebió con avidez el agua. Todos se echaron de nuevo. Otra vez se apagó la luz. Los viajeros, reconfortados, se dispusieron a dormir. Transcurrieron unos minutos. Y, de repente, la misma voz de antes comenzó a decir:

-¡Ay, qué sed tenía, pero qué sed tenía!

Ulises y las sirenas

Ulises, en el camino de regreso a Itaca, es puesto sobre aviso por la hechicera Circe del peligro que les acechará al transitar junto al territorio de las sirenas. Las sirenas atraían a los navegantes con un canto melodioso e irresistible para después asesinarlos.

Ulises desea más que nada llegar a casa de Penélope y, dispuesto a poner todos los medios a su alcance para lograr su objetivo, tapona los oídos de sus marinos con cera y se hace atar al mástil con orden expresa de que suceda lo que suceda, no lo suelten del mismo.

Otra versión: El silencio de las sirenas, Franz Kafka

El bambú japonés


Cuando se siembra una semilla de bambú japonés, hay que regarla y abonarla constantemente. Durante los primeros meses, no sucede nada apreciable. En realidad, no pasa nada con la semilla durante los siete primeros años, a tal punto que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas estériles.


Sin embargo durante el séptimo año, en un periodo de sólo seis semanas, la planta de bambú crece más de 30 metros.


¿Tarda sólo seis semanas en crecer?


No, en realidad, se toma siete años para crecer y seis semanas para desarrollarse. Durante los primeros años de aparente inactividad, este bambú genera un complejo sistema de raíces que le permiten sostener el crecimiento que vendrá después.


En la vida cuotidiana, muchas personas tratan de encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que requiere tiempo.


Por esa impaciencia, muchos de aquellos que aspiran a resultados a corto plazo abandonan súbitamente justo cuando ya estaban a punto de conquistar la meta. Es tarea difícil convencer al impaciente de que sólo llegan al éxito aquellos que luchan de forma perseverante y saben esperar el momento adecuado.


De igual manera, es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creeremos que nada está sucediendo. Y esto puede ser extremadamente fustrante.


En esos momentos (que todos tenemos), recordemos el ciclo de maduración del bambú japonés. Y no bajemos los brazos ni abandonemos por no ver el resultado esperado, ya que sí que está sucediendo algo dentro de nosotros: estamos creciendo y madurando.


No nos demos por vencidos, vayamos gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que nos permitirán sostener el éxito cuando llegue.


El triunfo no es más que un proceso que lleva tiempo y dedicación. Un proceso que exige aprender nuevos hábitos y nos obliga a descartar otros.


Un proceso que exige cambios, acción y formidables dotes de paciencia.

diumenge, de maig 27, 2007

LA NEGACIÓN DE LAS EMOCIONES


“(…) el daño más grande que la cultura patriarcal ha generado en la existencia humana ha sido dar valor de buenas o malas a las emociones. Las emociones no son ni buenas ni malas. El problema surge de nuestra ceguera ante nuestro emocionar, y al no verlas, en el quedar atrapado en ellas. Les decimos a nuestros niños: “controlen a sus emociones”, lo que equivale a decirles: “niéguenlas” y los atrapamos en la ceguera sobre nosotros mismos. Si dijéramos: “mira tu emocionar y actúa consciente de él les abriríamos un espacio reflexivo y los invitaríamos a una libertad responsable (…)”

Humberto Maturana
Escuela Latinoamericana de Coaching

dissabte, de maig 19, 2007

Reforma de la cocina

En una reforma de una casa rural, habían diferentes inversores-trabajadores. La persona que se ocuparía de cocinar diseñó la cocina.

Cuando ya estaba construida y la visitaron, se dieron cuenta de todas las carencias que tenía aquella cocina y de lo incómoda que resultaba. La solución pasaba por volver a reformarla de nuevo.

La duda surgió en el momento de pagar. El error lo había cometido una persona y no era justo, que los demás pagasen por el mismo. Así que se decidió que la persona encargada de la cocina pagara la nueva reforma.

Esta persona se enfadó muchísimo y estuvo varios días con un enfado supremo. Hasta que reflexionó sobre su error y sobre la responsabilidad de su error.

Entonces, fue a agradecer uno a uno a sus colegas por la lección que había aprendido.

Para los humanos, el dinero es algo que nos remueve de arriba a abajo. Es una de las cosas que más nos hace reflexionar y pagar por nuestros errores, nos hace reflexionar sobre nuestra actuación.

Todo pasa


Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte:

- Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo.


Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total... Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada.


El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también lo consultó. Y éste le dijo:

- No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un Sacerdote. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje. El anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey. Pero no lo leas le dijo, mantenlo escondido en el anillo. Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación.

Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante y no había ningún otro camino...

De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso:

Simplemente decía: 

"ESTO TAMBIÉN PASARÁ".

Mientras leía "esto también pasará" sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos. El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas.

Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes... y él se sentía muy orgulloso de sí mismo.

El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo:

- Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.

- ¿Qué quieres decir? preguntó el rey. Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida.

- Escucha, dijo el anciano: este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso. No es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero.

El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: "Esto también pasará", y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, había desaparecido. 

El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Se había iluminado.

Entonces el anciano le dijo:

RECUERDA QUE TODO PASA. Ninguna cosa, ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.

dilluns, de maig 14, 2007

Una vida normal: miedo al cambio (I)


Javier Carril como buen Coach inspirador y su artículo "Las decisiones poderosas" me han animado a escribir sobre el cambio y es que el cambio es algo permanente como decía Heráclito. Si es algo permanente y todos somos conscientes de ello, a qué le tenemos tanto miedo.

Nuestras vidas y nuestro tiempo son como un vaso lleno de agua. Tenemos una familia, unas pertenencias materiales, unas amistades y unas costumbres. Incorporar un cambio a nuestras vidas, quiere decir destinar menos tiempo y recursos a alguna de las cosas a las que estamos acostumbrados. A eso se le llama salir del area de confort y consiste en dejar de hacer alguna cosa para darle espacio a otra que deseamos.

Imaginemos la vida de cualquier persona, alguien que cuando llegó a la universidad no sabía qué hacer y decidió una carrera al azar o bajo algún criterio de demanda laboral o familiar. Acaba su carrera y ya tiene un título que dice que es farmacéutico. Como tal, su familia espera que encuentre trabajo en algo relacionado con sus estudios y acaba trabajando en una farmacia, vendiendo medicamentos.

Conoce a otra persona. Pasado un tiempo prudencial "normal" -dictado por la sociedad, familia o amigos- deciden vivir juntos. De repente, un día de descanso sólo en casa, se da cuenta de que no es feliz. Tiene una familia, un trabajo respetado y bien pagado, su pisito y su hipoteca. Los años han pasado y las obligaciones ahora son muchas. Ya no tiene 18 años para pataletas ni berrinches. Ahora es adulto. No puede imaginarse otra cosa u otra vida que sea esta. Pero no es feliz.

Esta persona ha tenido un respiro para reflexionar y darse cuenta. Ha dejado de ver la televisión, de leer algún libro o de trabajar para darse cuenta de que algo va mal.

¿Qué puede hacer? ¿Decirle a su pareja que no es feliz? ¿Conseguir que se preocupe por algo que ni siquiera sabe qué es? ¿Callar y llevar en silencio la seguridad de su infelicidad? ¿Comentarlo con la familia? No puede, tiene demasiadas obligaciones, demasiadas expectativas que cumplir.

A veces, las personas no dejamos ese espacio vacío para que las cosas vayan bien. Entonces es nuestro cuerpo que reacciona con enfermedades o dolencias que nos obligan a tener esos momentos tan necesarios para nosotros mismos.

Nuestro personaje ha vaciado un poco su vaso para incorporar un cambio y ese cambio provoca dolor, angustia, ansiedad...

No queremos sentir ese dolor, no queremos sentimientos negativos. Preferimos quedarnos con nuestra máscara y con lo que tenemos. El cambio tiene un alto precio y es darnos cuenta de que tenemos que dejar cosas en el camino para incorporar otras nuevas. Cambiar comportamientos, cambiar personas, espacios, libros, creencias y valores y eso es difícil y da miedo.

¿Qué eres capaz de abandonar para ese cambio que tanto deseas?

dissabte, de maig 05, 2007

El recipiente agrietado

Un aguador de la India tenia sólo dos grandes ánforas que colgaban en los extremos de un palo y que cargaba sobre su espalda. Una tenia diversas grietas por las que se escapaba el agua, de manera que al final del camino sólo conservaba la mitad, mientras que la otra era "perfecta" y mantenía su contenido.

Esto pasaba a diario.

El recipiente sin grietas estaba muy orgulloso de sus éxitos. Se sabía idóneo para lo que había sido creado. Pero la pobre ánfora agrietada estaba avergonzada de su propia imperfección y de no poder cumplir correctamente su tarea.

Así que, al cabo de dos años, le dijo al aguador: "Estoy avergonzada y quiero disculparme porque debido a mis grietas sólo obtienes la mitad del valor que deberías recibir por tu trabajo".

El aguador le contestó: "Cuando volvamos a casa fíjate en las flores bellísimas que han crecido a lo largo del camino".

El recipiente así lo hizo y ciertamente vió muchísimas flores preciosas a lo largo de la vereda. Pero continuó sintiendose triste porque al final sólo guardaba dentro la mitad del agua.

El aguadero le explicó entonces: "Quise ver el lado positivo de tus grietas y sembré flores a lo largo del camino. Todos los días las riegas y durante dos años, yo he podido cogerlas y regalarlas.

Si no fueses exactamente com eres, con tu capacidad y tus limitaciones, no hubiese sido posible crear esta belleza que a todos los que pasa sorprende.

dijous, d’abril 26, 2007

El Anillo

-Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?

El maestro sin mirarlo le dijo:
-Cuanto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás después…y haciendo una pausa agregó- si quisieras ayudarme tú a mi, yo podría resolver este problema con más rapidez y después, tal vez, te pueda ayudar.

-Encantado, maestro- titubeó el joven, pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas.

-Bien, asintió el maestro. Se quitó el anillo que llevaba en el dedo pequeño y dándoselo al muchacho, agregó:

-Toma el caballo que está ahí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Ve y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.

El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta a la cara, solo un viejecito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo.

En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta. Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado -más de cien personas- y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó. Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro. Podría entonces habérsela entregado él mismo al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda.

Volvió a la casa del Maestro.

Maestro -dijo- lo siento, no se puede conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.

-Que importante lo que dijiste, joven amigo -contestó sonriente el maestro- Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quien mejor que él para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto te da por él. Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.

El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil con su lupa, lo pesó y luego le dijo:
-Dile al maestro, muchacho, que, si lo quiere vender, yo no puedo darle mas que 58 monedas de oro por su anillo.

-¡58 MONEDAS!!!!!, exclamó el joven.

-Sí, replicó el joyero- yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé… si la venta es urgente…

El joven corrió emocionado a la casa del maestro a contarle lo sucedido.

-Siéntate, dijo el maestro después de escucharlo. Tú eres como ese anillo: una joya valiosa y única. Y como tal, solo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor? Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño.

Enviado por Espai Coach

divendres, d’abril 20, 2007

Velocidad o fondo

Un grupo de jirafas querían recorrer la sabana, su destino era Kiruhura a varios días de camino y con peligros inciertos. Se convocó un consejo para discutir la mejor forma de llegar, habían tantas voces como jirafas y no llegaban a ningún acuerdo. Finalmente, decidieron pedir consejo a otros animales.

Al primero que le consultaron, fue el guepardo que les dijo:
"Id rápidas, recorred el camino a toda velocidad. Evitaréis que los depredadores os vean o os puedan seguir y llegaréis antes a destino"

La opinión de las jirafas todavía se dividió más, algunas defendían esa estrategia, afirmaban que yendo rápido no tendrían problemas ni obstáculos. Las jirafas más ancianas eran reacias a esa solución, pues no todas las jirafas estaban preparadas para correr a toda velocidad.

Así que le pidieron su opinión al hipopótamo y éste les aconsejó:
"Id a vuestro ritmo, no ceséis de caminar y si algun depredador os ataca; os agrupáis y os defendéis"

Las jirafas consideraron esa posibilidad, pero pronto los más débiles pensaron que los hipopótamos eran mucho más resistentes que ellas. Esa no era una buena opción.

No sabían cómo llegar a Kiruhura y el tiempo apremiaba, se avecinaba el verano que secaba el recorrido y lo dejaba desprovisto de agua y comida. Las más impacientes emprendieron su camino a toda prisa, decidieron prescindir del grupo y sin mirar atrás, cada una escogió el camino que más le convenía.

Otras decidieron que la ruta tenía demasiados peligros, que arriesgaban demasiado y prefirieron quedarse.

El resto del grupo empezó a caminar siguiendo el consejo del hipopótamo, sin prisa pero sin pausa.

De las que partieron a toda velocidad, pronto les llegó el cansancio, algunas caían desfallecidas por el cansancio y eran presa fácil para los depredadores. A otras, la soledad las entristecía e intentaban volver al encuentro del resto de la camada, gastando el doble de energía. Las más fuertes seguían avanzando en su soledad, pero no podían descansar nunca y menos bajar su vigilancia para correr de nuevo, a toda velocidad, si algún peligro se acercaba.

El grupo unido avanzaba, unos asumían la vigilancia cuando el resto avanzaba, otros hacían de avanzadilla para encontrar el mejor lugar para reposar o comer. Así iban recorriendo el camino, paso a paso.

Un día, mientras el grupo dormía, una camada de leones se acercó sigilosamente. Una vigilante alarmó al resto de sus compañeras, pero no sabían qué debían hacer.

Unas recordaron el consejo del hipopótamo, se agruparon e intentaron defenderse. Los leones hambrientos, atacaban ferozmente a las jirafas y pronto calleron, pues ellas no tenían la fortaleza y la piel dura del hipopótamo para embestir a los leones.

Otras, despavoridas, corrieron rápido dejando atrás a sus compañeras y desapareciendo en medio de la sabana. Después de unas horas, desorientadas; caían al suelo desfallecidas.

Sólo las que tuvieron fuerzas para esprintar y se preocupaban por sus compañeras sobrevivieron. Unas se ayudaban a las otras y con sus largas patas avanzaban a toda prisa. Cuando alguna jirafa débil quedaba atrás, otra más veloz provocaba a los leones que la perseguían hasta que caían extenuados y sin fuerzas de ir a por las más débiles.

Después de ese día, el camino transcurrió sin más percances. Aunque de vez en cuando encontraban huesos de jirafas por el camino seguramente presa de los leones.

Finalmente llegaron a su destino. Las habitantes de Kiruhura les preguntaron por sus hazañas y por el resto de compañeras. De algunas no sabían nada, de otras sabían que habían sido víctimas de los leones y les explicaron la aventura tal y como sucedió.

Puede que los primeros 1000 metros, seamos capaces de esprintar. Pero si nos no preocupamos de los demás y de lo que dejamos atrás, nuestro futuro es incierto.

Puede que seamos fondistas y que mantengamos un ritmo constante, pero en algunos momentos de dificultad, debemos tomar conciencia y tener fuerzas para correr a toda velocidad sin perder el rumbo ni a nuestros compañeros.

dimecres, de març 07, 2007

Talento: éxito o fracaso

Una experta en Inteligencia Emocional, nos explicaba en el Encuentro de Coaching que las personas podemos tener miedo al éxito o al fracaso. Leyendo sobre el tema, he encontrado un artículo en el diario Cinco Días, escrito por Juan Carlos Cubeiro, que propone una teoría de la doctora Carol Dweck, profesora de la Universidad de Stanford que acaba de publicar "The Power of Mindset".

Las personas contamos con una de las dos mentalidades: la fija (el talento como don: se tiene o no se tiene) y la de crecimiento (el talento como esfuerzo; un talento que se alcanza o no).

La visión que tenemos sobre nosotros mismos afecta en profundidad a nuestra forma de gobernar nuestra vida. De este mismo tema habla la física cuántica, la filosofía budista, etc. Nosotros creamos el mundo con nuestros pensamientos para bien y para mal.

Los que tienen mentalidad fija rechazan inconscientemente, sin darse cuenta, las oportunidades de aprender. Como creen que la virtud (inteligencia, fuerza, belleza, simpatía...) viene dada, achacan los resultados a su falta de virtud y se hunden ante los fracasos y los malos resultados. El fracaso pasa de ser una consecuencia a convertirse en una identidad personal: soy un fracasado, no soy inteligente...

La mentalidad fija prefiere una vida cómoda y sin desafíos. Prefiere deshacerse de la responsabilidad de crecer.

En cambio, los que creen en el crecimiento (y lo practican día a día) se enfrentan a las adversidades, las superan y siguen adelante. Deciden cambiar el yo soy, por el estoy. Darle a los momentos, una condición dinámica y convertir el fracaso en una circunstancia y no en una situación permanente.

¿De qué nos sirve lamentarnos: no soy capaz, no puedo...? Los que piensan en el crecimiento, lo intentan, una y otra vez. A eso, se le llama experiencia, a la acumulación de errores.

En este tipo de pensamiento, el talento se cultiva, se libera, se aprende a reconocer los puntos fuertes y a actuar de verdad sobre las oportunidades de mejora.

No traicinéis vuestro talento

diumenge, de març 04, 2007

Diferencia entre piñas de pino silvestre y de pino negro

Este fin de semana nos hemos encontrado en Andorra personas que nos interesamos por el desarrollo personal. En un momento de estas intensas jornadas, cogí unas piñas del suelo. Unas eran de pino negro y otras de pino silvestre. Eso significa que las dos especies cohabitan y que se dan unas condiciones excepcionales para que especies que normalmente no habitan juntas, convivan.

En ese momento quise compartir con mis compañeros ese pensamiento, compartir esa sensación de estar en un lugar con personas y que entre todos estábamos creando un espacio especial.

Pero mi mente, mucho más rápida que la expresión, fue a otro lugar. Me llevó a reflexionar que para ser consciente de esa rara circunstancia debes conocer la diferencia entre una piña u otra y, además, debes estar receptivo y atento a recibir esa información y conocer la importancia que tiene.

Ahora, volviendo a procesar toda esa información, me doy cuenta que nosotros, los profesionales del Coaching, risoterapia, formación positiva, Programación Neurolingüística, etc. tenemos una información muy valiosa y podemos ayudar a muchos.

En nuestras manos está dar a conocer nuestras profesiones y comprometernos con nuestro objetivo común que de formas diversas consiste en ayudar a las personas a sentirse mejor y a conseguir lo mejor de sí mismas.

Gracias por hacer de este fin de semana algo tan especial.

Gracias A.L. por lanzar la primera piedra y ser un hombre de palabra.

Gracias M.J.D. por apoyarme desde el principio y por tu amor incondicional.

Gracias M.A.M. por encontrarme en nuestro nuevo Dios, Internet; por tu aceptación y por tu entusiasmo.

Gracias A.A. por tu ternura y tu transparencia.

Gracias C.N. por tus ganas de divertirte y aprender.

Gracias S.F. por tus reflexiones y tu entrega.

Gracias M. por tu amor y tu espontaneidad.

Gracias M.A. por fortalecerme y por tu confianza.

Gracias B.G. por quererme tanto, por acompañarme y por ser como eres.

Gracias J.J. por entregarte y venir a nuestro terreno.

Gracias L.H. por tu paz, tu aceptación y tu hijo.

Gracias A. por darme la oportunidad de conocerte y por tu

Gracias T. por enseñarme la niña que llevas dentro sin apenas conocerte.

Gracias Joan, a tus padres y a los que forman el equipo del Hotel Camp del Serrat. Nos habéis tratado muy bien y hemos comido genial.

diumenge, de febrer 18, 2007

De nuevo la actitud

El otro día empecé a escalar con un grado de exigencia o una actitud incorrecta. No me salía ni una vía. Tenía que llegar arriba haciendo trampas o descansando. No importaba el grado.

Fácil o difícil estaba escalando mal. Me enfadé y me aparté del grupo para llorar de rabia. Decidí que no escalaba más, que ya estaba bien de pasarlo mal.

Me concentré en el entorno, en la naturaleza, toqué las hojas redondeadas de los bojs y miré el paisaje, la roca y el granito. Ya no pensaba en la gente ni en la escalada. Estaba en mi entorno conmigo misma y con la naturaleza como un todo que me rodeaba y era yo y yo era ella.

Me levanté y decidí escalar. No había escalada antes con música y pedí que me aseguraran. Sin pretensiones, relajada y disfrutando de cada movimiento y de lo que estaba haciendo encadené la vía más dura que he hecho nunca. Llegué a la cadena de la reunión sin colgarme ni una sola vez. ¿Cómo? Con música, relajada y sin ninguna presión. Así obtengo mis mejores resultados.

divendres, de febrer 09, 2007

El Poder del Ahora

Pensemos en el ahora. Olvida tu mente y piensa en lo que sientes ahora.

Escalando, si me centro en cada movimiento, cada agarre, si me concentro en lo que estoy haciendo paso a paso sin dejar intervenir a mi mente, consigo mejores resultados.

En cambio, cuando voy pensando que puedo caer o que esa dificultad ya la tendría que hacer por mi experiencia pasada, mi mente está interfiriendo y me impide disfrutar del momento. Está haciendo surgir el pasado y el futuro y no me deja concentrar en el momento presente.

Esa situación me provoca emociones de angustia, rabia, miedo, desazón...

Cuando me consigo liberar de los pensamientos y logro la concentración necesaria para vivir el momento, estoy fluyendo y siento una liberación. La liberación de mis tabús, de mis patrones de comportamiento y de mis creencias limitantes.

Ahora, me surge una duda. Si debo liberarme de mi mente para no pensar en el futuro y en el pasado. ¿Qué sentido tiene establecer objetivos o planificar un futuro?

dilluns, de gener 29, 2007

3 y 4 de marzo: Encuentro Coaching

El año pasado por estas mismas fechas un grupo de coaches nos reunimos en Bilbao para encontrarnos, intercambiar experiencias y experimentar nuevas técnicas.

De ese encuentro surgió la idea de repetir la experiencia, haciéndola extensiva a más profesionales para encontrarse, formarse, decidir campañas de comunicación juntos y hacer de nuestra profesión algo fuerte y sólido.

¡Por fin nos podremos reunir todos e intercambiar experiencias!

Los próximos 3 y 4 de marzo nos reunimos en Andorra.

Se trata de reunir al mayor número de coaches para intercambiar y unir esfuerzos para dar a conocer nuestra profesión y para crecer juntos.

Con ese objetivo nos reuniremos todos los coaches y prepararemos talleres para compartir con los demás.

Aquí encontraréis los enlaces para llegar desde:








¿Cómo llegar a Andorra?

Ya tenemos propuestas muy interesantes: biodanza, el método Alba Emoting, Inteligencia Emocional, esperamos todas vuestras propuestas. Es nuestra oportunidad para experimentar nuevas técnicas, conocerlas, perfeccionarlas y compartirlas.


No quiero competir contigo, quiero ganar lo mío y permitir que tú ganes lo tuyo, lo que quiero en realidad es “ganar contigo”. Estamos del mismo lado, y juntos, y concertados, podemos producir más que separados. Esa ventaja la compartiremos buena y equitativamente. Progresa conmigo, dame tu mano. Formemos equipo, como nuestros antepasados en las hordas primitivas y salvajes. Formemos equipo y ganemos juntos. Guíame en mi ceguera. Probemos. Abrámonos a un nuevo aprendizaje. Construyamos alianzas, unámonos, ganemos juntos. Sube a nacer conmigo, hermano.


Miguel Ferrer, Coaching Magazine nº 4 (pág. 36)

Web del encuentro

dissabte, de gener 20, 2007

Para qué sirve eso del coaching

Por fin he llegado al planeta Tierra. Sigo filosofeando, aprendiendo y leyendo, me encanta; pero yo necesito más práctica.

¿Para qué narices sirve eso del coaching?

Muy fácil, te ayuda a resolver situaciones cuotidianas que te hacen tambalear o que hacen que te cuestiones cosas.

- Tienes un conflicto amoroso o familiar, el coaching te puede ayudar.
- No crees que puedas hacer algo, el coaching te puede ayudar.
- Quieres o te imponen un cambio laboral, el coaching te puede ayudar.
- Te estás cuestionando tu forma de entender la vida y no sabes a quien recurrir, el coaching puede ayudarte.

Todos tenemos cambios en la vida, a veces nos resulta más o menos fácil adaptarnos a ellos. El coach no te dirá qué debes hacer, tampoco analizará cómo has llegado a esta situación, el coach te guiará y te ayudará a que te aceptes mejor, que aceptes tus decisiones y que te vayan mejor la cosas.

Contratar a un coach significa dar un cambio, significa aceptar que eres responsable de tu vida y que a partir de ahora serás tú quien decida qué hacer con ella y aceptarás que tus decisiones son las correctas pues sólo tú puedes vivir tu vida.

dimecres, de gener 17, 2007

Tentación o oportunidad


Diferenciar las tentaciones de las oportunidades es uno de mis grandes retos. Soy de naturaleza emprendedora, me encantan las novedades y la innovación. Creo en la creatividad de las personas para alcanzar lo que se propongan. Además debo añadir que me gusta pasar a la acción y que en cuanto veo una oportunidad me lanzo de cabeza, a veces sin tan siquiera haberme parado a mirar si había agua.

Cada acontecimiento es una oportunidad. Una oportunidad para conocer gente, una oportunidad para aprender y todo eso es bueno, muy bueno. Pero no debo perder de vista mis objetivos y entonces es cuando las oportunidades se convierten en tentaciones. Lo que era una oportunidad, me hace dar un rodeo en mi camino o incluso quedarme demasiado tiempo entretenida en él.

Cuando pasa eso, me estoy desviando. A veces, necesito desviarme. Pero antes de hacerlo, debo hacer un alto en el camino, sentarme en lo alto de una piedra, observar lo que me espera, recordar lo que quiero y preguntarme si me conviene y si me conducirá a mi destino.

De ese modo, evitaré la dispersión y llegaré a mi destino superando las tentaciones.

dilluns, de gener 15, 2007

El eco de la vida II

Hace algunos meses le dije a una cliente que leyera la historia del Eco de la Vida y me respondió que era otra bonita historia que no le servía para nada.

Debería decir que supe qué decir y que el "nada" me indicó qué debíamos trabajar. No fue así y sigo dándole vueltas, supongo que todo es cuestión de distancia:

No se consigue el eco de la montaña si no es a una distancia apropiada. Así la vida, cumplidora, nos devuelve generosamente lo que emitimos, aunque uno pretenda lo contrario.

La petulancia del poder eterno es una ilusión que hace sufrir. Muy pocos se retiran a tiempo. Pretendemos que nos quieran, nos admiren o nos idolatren. Ello guarda muchas veces relación directa con la autoestima, muchas veces automutilada.

Los antojos suelen tener un alto coste social y personal, malogran el poder de lo simple, de lo espontáneo; de disfrutar con lo que somos y con lo que tenemos, sin pretensiones superficiales.
Cuentos para regalar a personas originales, Enrique Mariscal (pág. 54)

dilluns, de gener 08, 2007

El bloque


Cuando nos encontramos con obstáculos, a veces, lo más fácil es echarse atrás. A menudo, cuesta ser perseverante y no dejarse vencer, cuando hemos decidido enfrentarnos a nuestro obstáculo.


Adjunto una foto de uno de mis últimos logros. Estaba frente a un bloque de piedra redondo y liso, muy técnico. Desde que lo vi, me llamó la atención y quise intentar resolverlo.


Para resolver un bloque de escalada, es necesario subir hasta el punto más alto de la roca.


Puse colchonetas bajo mis pies y empecé a subir. Los agarres eran muy pequeños y los pies resbalaban. No había superado ni un metro y me caí. Volví a intentarlo, de nuevo resbalé y caí encima de la colchoneta.


Pensé que debía cambiar de estrategia y probar de otra manera. Tampoco resultó. No sé cuantas veces caí para volver a intentarlo. Una y otra vez.


Finalmente, conseguí superar la parte más "resbaladiza" para aguantarme en una pared vertical sólo con los pies a unos 3 metros del suelo.


Los agarres no existían, así que tenía que confiar en mi pie izquierdo, incorporarme sobre él y salir hacia arriba. Era fácil, pero me empezaron a invadir dudas:


¿Y si me caigo? ¿Y si no puedo? ¿Y si no lo consigo?


Me empezaba a cansar y la pierna me empezaba a temblar (en escalada lo llamamos la moto) de nervios, cansancio y miedo. Miraba el suelo y todavía era peor. Ya dudaba si continuar, hasta que mi compañero me dijo:


- "¡Vamos, Cris, tú eres Coach!"


Pensé que ya no había marcha atrás y me di la oportunidad para intentarlo y conseguirlo.


Allí estoy encima del bloque, cansada y orgullosa de mí misma.


Cada vez que te niegas la oportunidad a intentarlo, estás fracasando. Dale un lugar al fracaso, esa palabra que suena tan terrible, pero que en realidad deberíamos interpretar como aprender.


Fracasar no equivale a aprender por sí sola. Aprender de los fracasos es una actitud. Cada vez que te caigas, vuelve a intentarlo con garra. Con mentalidad de triunfador y si te caes, no importa.


Es duro caer, pero es peor no haber intentado nunca subir

¿Qué nos mueve?


Si ya estás aquí, debe ser por tu inquietud por lograr algo.


¿Qué te impide moverte?


Todos queremos convertir nuestros sueños en realidades.


¿Qué sueño tienes tú?


¿Qué camino estás siguiendo?


¿Van de la mano?


Piensa en el futuro como una cueva oscura. Ahora estás en la entrada, dudando, expectante y, a la vez, intrigado.


El interior de la cueva se pierde ante ti en la oscuridad, tragándose las sombras proyectadas por la luz de la entrada. Está oscura y se oyen sonidos que no reconoces.


Ante ti, tienes una atmósfera de posibilidades. Te esperan tesoros y peligros, aunque no sabes dónde están ni cómo elegirlos. Algunos objetos están en la antecámara.


Muchos se contentarían con lo que encontraran en la antecámara, otros quieren descubrir los verdaderos secretos.


Adentrarse en la cueva conlleva a confiar en ti mismo y avanzar en la oscuridad.


Tus ideas relucen por un momento como una bengala y durante unos instantes vislumbras algunas de las riquezas y también a los guardianes.


Cuando la bengala se apaga, tú sabes hacia donde ir. Sabes lo que quieres y en qué dirección se encuentra.


Ahora la bengala se ha transformado en antorcha, no es tan brillante, pero arroja suficiente luz como para transitar. Desde la entrada se unen a ti quienes estaban aguardando y juntos iniciáis vuestro recorrido hacia las profundidades de la cueva. A medida que avanzan contigo, se van encendiendo otras antorchas con la tuya.


A medida que avanzas, la cueva te es más familiar. Cuando el viaje se hace más difícil y hay obstáculos y guardianes inesperados, recuerdas tu objetivo y continuas.


A veces descubrirás lugares en los que te gustaría quedarte a descansar, pero suceda lo que suceda, el viaje es tu compromiso y no retrocederás.


El viaje empieza cuando puedes ver la diferencia entre dónde estás y dónde quisieras estar. Si no tienes un destino claro, darás vueltas en redondo. A menudo un guía externo, puede ser de ayuda. Puede ser un amigo, una circumstancia o un profesional quien te ayude a encontrar tu destino y a encaminarte hacia allí.
Lambent, Joseph O'Connor

divendres, de gener 05, 2007

Caminar hacia el horizonte

La utopia está en el horizonte. Caminas dos pasos, ella se aleja y el horizonte corre dos pasos más allá.

Entonces, ¿para qué sirve la utopia?

Pues para eso... nos sirve para caminar.

Eduardo Galeano
Minyons Escoltes Guies Sant Jordi de Catalunya

Corrección

De Idries Shah, maestro sufí (1924-1996) La Sabiduría de los Idiotas Abdullah ben Yahya estaba enseñando a un visitante un manuscrit...