Cinema Paradiso

Fredo a Salvatore:

“Tarde o temprano llega un momento en que hablar o estar callado es algo parecido, por eso permanezco callado.” 

(...)

“Cada persona tiene una estrella que ha de seguir. Márchate. Esta tierra está maldita, mientras permaneces en ella, te sientes en el centro del mundo, te parece que nunca cambia nada. Luego te vas, un año, dos... y cuando vuelves todo ha cambiado, se rompe el hilo conductor, no encuentras a quien querías encontrar, tus cosas ya no están. Has de ausentarte mucho tiempo, muchos años para encontrar a tu vuelta a tu gente, la tierra donde naciste. Pero ahora no es possible.

Creo que estás más ciego que yo” 


El todo

"Se podría pensar en el mar como mar
y en las montañas como montañas extrictamente,
pero esto sería una gran equivocación.
Para mí las montañas son mar
y el mar montañas,
y el mar y las montañas saben que yo sé eso"

Shih- T'ao


Dependencia relacional sana

Es cuestión de actitud... Sí, ya...

Puede que este post contradiga un montón de entradas dentro de este blog. Quizás sería más apropiado decir que los complementa y en muchos casos los completa de significado.

Hoy he asistido a unas charlas en un formato muy yanqui y muy poco coherentes entre sí. Más allá de la cohesión de las charlas, quiero expresar mis pensamientos y sentimientos acerca de la cantinela presente durante toda la jornada y extendida por doquier: "es cuestión de actitud, perseverancia, etc."

Resulta que para hacer una cumbre es cuestión de actitud, decía una persona en la primera charla. Yo me preguntaba: ¿cuantas personas no han sabido retirarse a tiempo con una actitud positiva, pero inconsciente o ignorante de las condiciones o que simplemente han tenido mala suerte y mueren intentando hacer cumbre? ¿Habéis visto la perseverancia de Doug Hansen, cliente de una expedición comercial, para llegar a cima en la película Everest o en el libro Mal de Altura?


Buda

Sentado junto al árbol
de la iluminación, Buda callaba.
La gente se acercaba desde páramos
remotos, esperando su palabra.

La enseñanza no vino
de sus sagrados labios esta vez,
mas de la flor mostrada como un signo
con el gesto silencioso dle ver.

Alguien, entre tanto durmiente,
comprendió aquel silencio
y su sonrisa ardió calladamente
por espacios internos.

"A todos mi palabra he ofrecido;
mas a ti te transmito mi secreto,
porque has sonreído
al misterioso gesto".

Recibió la flor encendida
con justa reverencia
y marchó por veredas escondidas
siguiendo su destino de inocencia.

Tras siglos y batallas sin final,
alguien susurra con palabra muda:
"La flor hermosa que ofreciera Buda,
yo la cultivo en mi jardín natal". 

José Antonio Cáceres Peña, Moradas (2011)

Tres sordos y el derviche mudo

De Idries Shah:

Había una vez un pobre pastor de cabras. Todos los días, en busca de pastos frescos, llevaba a su rebaño a una colina que dominaba el pueblo donde vivía con su familia. Era sordo, pero esto no le importaba en absoluto. Un día su esposa se olvidó de darle la bolsa que contenía su almuerzo y tampoco envió a su hijo para que se lo llevara, como había ocurrido en otras ocasiones, aun cuando el sol estuviese en todo su apogeo. 

"Iré a casa por ella", pensó el pastor, "no puedo quedarme "aquí sin comer nada hasta que el sol se esconda".

Erizos en la pequeña glaciación

Durante la pequeña glaciación, muchos animales murieron de frío. 

Algunos descubrieron que si juntaban sus cuerpos y permanecían unidos, mantenían el calor corporal. Los que estaban en los extremos, se turnaban con los que estaban en el centro y así muchos lograron sobrevivir durante ese gélido periodo.

Pero los erizos lo tuvieron más difícil. Al juntar sus cuerpos, sus espinas se clavaban en los cuerpos de sus iguales, así que algunos al no soportar las heridas, decidían separarse y alejarse y a los pocos metros morían congelados.

Sólo aquellos que conseguían acercarse con cuidado para acomodar sus espinas delicadamente en el cuerpo de su compañero y soportando la presión sobre la piel de las espinas del otro conseguían sobrevivir. Era extremadamente difícil no arañar o clavar las espinas en esa situación. Cada vez que debían intercambiar posiciones en condiciones extremas de cansancio y hambruna era fácil perder la paciencia y hacer algún movimiento brusco que dañase al erizo más cercano o incluso a todos.

Los erizos más rudos, debieron pulir sus formas y quienes eran demasiado irascibles o nerviosos debieron adaptarse. Muchos no lo lograron y sus cuerpos yacían inertes no demasiado lejos del resto del grupo.

Sólo aquellos que aceptaron las espinas de los demás y aprendieron que cada movimiento podía dañar a los compañeros más cercanos consiguieron mantener el calor conjunto y la convivencia necesaria para sobrevivir a la pequeña glaciación.

Piedra, árbol, espada y agua

En tiempos de batallas en las montañas, mientras las personas dormían, de madrugada, se reunieron las cosas. La espada habló:

- Yo soy la más fuerte y puedo destruirlo todo. Mi filo corta y doy poder a quien me toma y muerte a quien me enfrenta.

- ¡Mentira! - replicó el árbol - Yo soy más fuerte, he resistido el viento y la más feroz tormenta.

Pelearon espada y árbol. Fuerte y duro se mantuvo el árbol. La espada golpeó y golpeó cortando el tronco hasta derribar el árbol.

- Soy la más fuerte, gritó triunfante la espada.

- ¡Mentira! - replicó la piedra - Yo soy la más fuerte. Soy dura y antigua, soy pesada y llena.

Y pelearon espada y piedra.

Dura y firme se mantuvo la piedra. La espada golpeó y golpeó, pero no podía destruir la piedra. Mientras golpeaba, se quedó sin filo y la piedra quedó hecha añicos.

- Es un empate, dijeron espada y piedra y lloraron lo inútil de su pelea.

Mientras el agua del arroyo miraba la escena sin decir nada, había presenciado la pelea. La espada al darse cuenta de la presencia del agua,  dijo: