dijous, de setembre 15, 2011

Crisálida metamorfoseando

Hace poco estuve ensayando una vía. Pocas veces he dividido una vía en secciones para intentar descifrar los movimientos, hacerlos y, finalmente, tratar de encadenarlos. No puedo decir que nunca he probado una vía, pero sí puedo decir que nunca me la había planteado así, a trozos. He aprendido mucho, confieso que no encadené. Pero aún así, he traspasado mi zona de confort y he vuelto a transgredir, he vuelto a transformarme.

Lo más sorprendente ha sido mi cambio de actitud. Antes de esta nueva experiencia, no podía repetir mucho una vía. Mi autoexigencia bombardeaba mi cabeza cuestionando si sería capaz, si no me estaba colgando en una vía demasiado exigente para mí, si me había pasado o si la vía me venía grande. Así que yo misma me convencía de que no valía la pena forzar una vía que se me resistía y cuando no me salían relativamente rápido, las abandonaba para dedicar mis esfuerzos a vías que no me costaran tanto.

Intento escalar todo tipo de vías, en todo tipo de roca y me encanta variar. Aprendo mucho así. Pero el número y sobretodo la letra me intimidan. Mi mente transforma las vías para convertirlas en monstruos horripilantes que me hacen sentir insegura, insignificante, presuntuosa. A veces, las pruebo y agacho la cabeza para recibir la colleja que las vías me tienen reservada; otras, la graduación de la vía disipa mis ganas de intentarla.

>> Hace poco, un amigo probaba una vía que yo había encadenado a vista y poniendo cintas. Evidentemente, cuando la hice, pensaba que era de un grado asequible. Pero mi amigo me aseguró que era del grado más difícil que yo había encadenado. Cuando lo descubrí, empecé a plantearme si no me había acomodado en mi zona de confort y concluí que debía sacudirme un poco para intentar superarme.

Así que este ha sido mi primer gran avance. He aprendido a superar al Pepito Grillo de la humildad, del miedo al fracaso o de la exposición de mis miedos ante ojos ajenos; al Pepito Grillo que me traiciona y no me deja sacar lo mejor de mí. Ahora me doy cuenta que puedo probar una vía y que la primera vez puede que no entienda nada o poco, pero que el segundo pegue puede ir mejor, el tercero algo mejor y al cuarto puede que ya entienda todos los movimientos. Puede que incluso al quinto o al sexto, sepa cómo hacer todas las secuencias. Puede que al séptimo, octavo o noveno, ya controle donde tengo que chapar y quizás al décimo, vigésimo o trigésimo pegue haya conseguido la pila suficiente para poder encadenarla.

Puede que todo eso pase o puede que no. Pero lo más importante será que me deje intentarlo, que además me permita a mí misma disfrutar de esos intentos sin pensar en nada más que no sea disfrutar de lo que estoy haciendo.

Os seguiré informando sobre la metamorfosis de la crisálida. Por el momento, mi primer gran triunfo a celebrar es haber salido de mi zona de confort.

2 comentaris:

カ. ha dit...

Yo alguna vez he montado a vista una via de chapa a chapa, teniendo que pararme en TODAS.

Y a la segunda he encadenado.

Tengo testigos porque me ha pasado a menudo. :)

Tu grado a-vista ha de ser al menos una letra del grado que puedes escalar.

Así que si tienes algún 7b a-vista, no dudo que puedes hacer 7c...

En... un par de dias o poco más...

Cris Pérez-Vàzquez ha dit...

カ, ojalá todo fuese tan lineal. Pero tú y yo sabemos que las cosas no son lineales y que la escalada es tan sencillo como saber fluir y vivir el momento.

Nuestra mente confusa que nos complica la existencia. ¡Ojalá fuesemos inocentes como cuando éramos niñas y nos atreviéramos a experimentar todo sin más!

Ahora estoy cargada de estereotipos, pretensiones, excusas, inseguridades y miedos de los que me voy librando poco a poco, como una crisálida para volver a ser ingenua y sabia (como cuando era una niña)

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