dimecres, de setembre 14, 2011

Fórmulas mágicas y universales

A veces, tengo ideas geniales (al menos eso es lo que me parecen a mí); de forma excepcional, intuyo que son revelaciones. Me encanta pensar en la frase de T. Edison: "la creación es un 10% de inspiración y un 90% de transpiración"; creo que la suerte o la iluminación o la revelación sólo llega si estamos predispuest@s activamente a recibirla. Quizá hoy esté hablando en un plano algo metafísico, pero a estas alturas, sé que hay posts o textos que sólo llegan a quienes necesitan recibirlos.

Ahora entro en materia y concreto un poquito más, pero necesito contextualizar y poner orden en mi caos mental.

Recuerdo un post que me inspiró en el Bosque Mitago, sus palabras fueron reveladoras para mí. Inspiraron ideas que seguramente yo ya había reflexionado de algún modo y aquel texto acabó de hacer el clic que necesitaba. Lo mismo me acaba de pasar con la intencionalidad del post de Un Petit Calfred de l'Ànima.

El caso es que llevo días pensando en los típicos manuales de cómo ser feliz o cómo aprender a comunicar o en cualquier guía con instrucciones paso a paso con lo que tenemos que hacer para ser felices, por ejemplo. De vez en cuando, también te toca asistir a alguna charla o conferencia en la que tienes que tomar nota rápidamente de las claves para redactar un texto o para ser eficaz o para lo que sea.

También sé que todo lo rápidamente que anoto esos pasos, me olvido de ellos y pierdo mis apuntes. En cambio, a veces, existen personas con las que inicias una conversación de bar y te van inspirando y lo mejor de todo es que ¡tú la inspiras a ella!

>> Eso es lo que nos pasaba con G. en Can Alegría. Teníamos que poner horarios para conversar de lo contrario, las conversaciones eran interminables y nuestras horas de sueño y trabajo mercantil disminuían a medida que el tiempo para el aprendizaje dialógico aumentaba. Lo mismo me ha pasado últimamente con O. que me decía que no podía dejar dentro de mi cabeza mis ideas y que tenía que seguir transmitiéndolas.

Yo sin entender demasiado cuáles son esas estupendas ideas que debo transmitir seguía reflexionando acerca de los manuales de instrucciones que antes mencionaba, las conferencias aburridas y mi forma de comunicar mis pensamientos que, a veces, resulta que inspiran a algunas personas y otras veces dejan totalmente indiferente.

Haciendo uso de la frase de Edison, me dediqué a transpirar. Hasta que... ¡eureka! Encontré la pregunta que quería responder y, de paso, parte de la respuesta. ¿Por qué me aburren tanto esos manuales de instrucciones que me sé de memoria por repetición? ¿Por qué me inspiran ciertas personas y esas mismas personas me ven como alguien inspirador?

Pues bien, si no incentivan mi mente no puedo generar ideas que me sorprendan a mí misma. Si no me preguntan ni tienen curiosidad, ¿para qué voy a compartir algo que no despierta el más mínimo interés? Así pienso yo desde mi egoismo. Sólo comparto aquello que me sorprende, aquello que es nuevo para mí. Todo lo demás, por muy novedoso o sorprendente que le pueda parecer a alguien, para mí es tan obvio que pienso que a nadie puede ayudarle, pienso que todas las mentes funcionan como la mía.

Lo que quería transmitir en este post es que no todas las personas somos iguales, necesitamos aprehender de formas distintas. Hay personas que necesitan instrucciones claras, como yo para cambiar la rueda de mi coche, por ejemplo. Hay otras a quienes simplemente enseñándoles las herramientas disponibles, de forma intuitiva, saben cómo cambiar la rueda. Ya sé que mi conclusión es una obviedad. Sé que no puedo ni debo transmitir un mensaje de la misma forma a todas las personas.

Me comunico con espíritu mushotoku. Pero, a veces, cuando te piden que des una charla, es importante saber qué esperan de ti y que esperas tú del público y entonces el espíritu mushotoku deja de existir. Aunque siempre puede quedar espacio para el aprendizaje dialógico.

Así, cuando tienes un público dispuesto a compartir, el aprendizaje dialógico, las preguntas, el diálogo predominan en un espacio temporal inspirador. Pero cuando tienes un público que sólo ha venido a recibir, sólo hay espacio para manuales.

Corrección

De Idries Shah, maestro sufí (1924-1996) La Sabiduría de los Idiotas Abdullah ben Yahya estaba enseñando a un visitante un manuscrit...