diumenge, de març 29, 2015

Piedra, árbol, espada y agua

En tiempos de batallas en las montañas, mientras las personas dormían, de madrugada, se reunieron las cosas. La espada habló:

- Yo soy la más fuerte y puedo destruirlo todo. Mi filo corta y doy poder a quien me toma y muerte a quien me enfrenta.

- ¡Mentira! - replicó el árbol - Yo soy más fuerte, he resistido el viento y la más feroz tormenta.

Pelearon espada y árbol. Fuerte y duro se mantuvo el árbol. La espada golpeó y golpeó cortando el tronco hasta derribar el árbol.

- Soy la más fuerte, gritó triunfante la espada.

- ¡Mentira! - replicó la piedra - Yo soy la más fuerte. Soy dura y antigua, soy pesada y llena.

Y pelearon espada y piedra.

Dura y firme se mantuvo la piedra. La espada golpeó y golpeó, pero no podía destruir la piedra. Mientras golpeaba, se quedó sin filo y la piedra quedó hecha añicos.

- Es un empate, dijeron espada y piedra y lloraron lo inútil de su pelea.

Mientras el agua del arroyo miraba la escena sin decir nada, había presenciado la pelea. La espada al darse cuenta de la presencia del agua,  dijo:

dimarts, de març 10, 2015

Cambio de conciencia para una existencia armónica

Algunas religiones, filosofías o creencias afirman que cada ser humano tiene una misión. Probablemente eso que llamamos misión es más algo que debemos aprender para conciliar nuestra existencia en armonía. Aclaro esto, porque en el texto que he recogido de la revista Integral se puede concluir con un enfoque utilitarista de la función en el universo del ser humano y por lo tanto una cosmovisión antropocéntrica que, bajo mi punto de vista, se contradice con una conciencia común en la que todo, absolutamente todo es parte. 

El ser humano no tiene ninguna misión, más que la que deba aprender para conciliarse con esa conciencia común. El ser humano forma parte de un ecosistema planetario donde el papel que juega es insignificante en cualquier término: material, temporal, etc. Sólo es importante en la convivencia con sus iguales y en su propia existencia.

Me parece interesante comprender la insignicancia de nuestra existencia para entender que el respeto por nuestros iguales y por todo lo que nos rodea es el único medio de conciliarnos y tener una Vida Dulce, un Suma Qamaña.

Aclarado esto, me parece muy acertada la aproximación que podemos encontrar en la revista Integral a un cambio de conciencia:

dilluns, de març 09, 2015

La simplicidad descrita por André Compte-Sponville

Entrevista a André Comte-Sponville traducida 

¿Cuáles son sus placeres simples preferidos?
(...) Dudo si añadir la sexualidad. Es el placer más fuerte, pero ¿lo podríamos clasificar como simple? No estoy seguro. Lo que es más deleitable en la sexualidad es una cierta turbación. Pero lo que es turbio pocas veces se puede considerar simple...

¿En qué sentido la simplicidad es una virtud?
(...)
La simplicidad no está en el tener, sino en el ser. Ser simple, es ser lo que somos, sin añadidos, sin aparentar, sin jugar ningún rol. Es la existencia misma, en tanto en que no hay nada más que añadir. (...) La simplicidad es también la virtud más ligera, la más transparente y una de las más raras. La simplicidad es lo natural: sin grandes frases ni mentiras, ni exageraciones, ni pomposidad. Es la vida reducida a su mínima expresión, la vida insignificante, esa es la verdadera. 'Lo contrario al ser no es no ser, sino el doble' escribe Clément Rosset. Lo contrario a lo simple no es lo complejo, sino lo falso. Ser simple es no prestar atención (a unx mismx, a la propia imagen, a la propia reputación), no calcular, ser sin trampa ni cartón, sin pensamientos ocultos, sin programa, sin proyecto... La simplicidad es olvidarse de unx mismx, es eso lo que la convierte en una virtud: no la antítesis al egoismo, como generosidad, sino lo opuesto al narcisismo, a la pretensión, a la altivez. Quien es simple no tiene nada que demostrar, no quiere parecer nada, ni buscar nada, porque todo está ahí.

(...) La simplicidad no está en la filosofía, sino en la sabiduría.

(...) en cuanto a la serenidad, lo que Epicuro llamaba ataraxia, es probablemente el más simple, el más raro de nuestros estados de ánimo.

(...) El pasado no es, ya que no existe. Ni el futuro, puesto que todavía no existe. Sólo existe el presente. Pero lo más frecuente es separarnos de él por el arrepentimiento o por nostalgia, o por la esperanza o el miedo... Ya no estamos en la simplicidad de vivir, sino en la dualidad, lo que San Agustín llamaba la distensión del alma como emparedados entre el pasado y el futuro… Vivir simplemente, es entonces vivir en el presente. (…) El presente no deja de cambiar, pero tampoco deja de continuar. El presente no desaparece jamás. Los eventos cambian; el presente permanece. (…) Siempre es hoy, es lo que llamamos eternidad.

(…) No hay que confundir simplicidad con felicidad. Cuando estás infeliz, simplemente sé infeliz. Eso es mucho mejor que querer a cualquier precio la felicidad, cuando la realidad se opone. Y cuando no estés feliz ni infeliz, que es el caso más frecuente, debes estar entre los dos sentimientos. La simplicidad es una virtud. La felicidad, una suerte. Lo que sí es verdad, en revancha, es que es difícil estar feliz cuando no se sabe apreciar los placeres simples de la existencia. No porque sean suficiente para encontrar la felicidad, sino porque la felicidad, sin ellos, no es más que un sueño, una mentira.

(…) la simplicidad es una virtud necesaria y difícil. Ser simple, no es buscar la modestia; es rechazar las falsas grandeces.

Inspirarse en como se resuelven problemas, no tratar de imitar los resultados

"La respuesta a nuestras preguntas no siempre ofrece solución a los problemas, más aún cuando se toman modelos de los que sólo...