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El espejo de las relaciones

Todo en ti es fantástico. Es el reflejo de lo que busco: compartes mis valores, mis intereses, mi sentido del humor, coincidimos con los mismos proyectos. Disfrutamos con los mismos temas de conversación, tenemos las mismas inquietudes, la misma forma de relacionarnos, los mismos miedos... Me estimulan tus retos y diferencias y las discrepancias me atraen y me interesan.

Así de predispuesta y de satisfecha conmigo misma estoy. Mis defectos y debilidades se minimizan al mismo tiempo que me tapo los ojos para no ver los tuyos. La seguridad en mí misma aumenta y estoy espléndida, de la misma forma que a ti cada vez te veo más seguro y mejor. Es nuestro mejor momento, pues me acepto y me quiero tal como soy y te siento como la mejor proyección de todas mis virtudes, de mis encantos y cualidades. Casi rozo la perfección y a ti, también te siento perfecto, siento que eres la persona ideal.

Pero pasa el tiempo y surgen las inseguridades y los miedos. Empiezo a dudar de mi misma y aparecen tus defectos que no son más que el reflejo de los míos. Mis temores se transforman en preocupaciones y colapsan mi atención.
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La entrega total va desapareciendo para dar paso a la desconfianza y a las preguntas.
La tolerancia sustituye a la aceptación. Ya no veo en ti aquella persona maravillosa, veo tus defectos y me hacen sentir insegura. No aprecio tus diferencias como lo solía hacer, ahora te siento ajena a mí.

Ya no somos uno, ahora necesito sentirme bien conmigo misma y aceptar mis miedos. Siento pánico a sufrir, pánico a que descubras que no soy tan perfecta como me conociste: ni tan guapa ni tan inteligente ni tan paciente ni tan amable ni tan comprensiva. Tengo miedo, me despierto con ojeras, tengo cambios emocionales, no me río siempre y a veces no me tomo las cosas de una forma tan positiva. Tengo mis indecisiones, me pongo de mal humor, discuto y si no me ducho, huelo mal.

Así que para justificar mi imperfección, te vuelvo a inventar como individuo que no cumple con mis expectativas. Dejas de ser la persona ideal para convertirte en el reflejo de mis propios defectos.

Aquella seguridad que sentía en mí misma desaparece y se transforma en desconfianza hacia ti. Ya no me entrego plenamente, ahora vivo expectante, analizando tu comportamiento y comparándolo con mis experiencias y mis reacciones.

Me vuelvo dependiente y dejo de ser yo misma para convertirme en una sombra de mí.

Así es como me he sentido en muchas de mis relaciones con personas cercanas: parejas, amistades, etc. hasta que tomé conciencia de cómo soy. Es cierto, primero me entrego al 100%, después con mis miedos aparece mi individualidad que reivindica su espacio, aparecen las diferencias, incompatibilidades...

Ahora que me conozco un poco mejor y he tomado conciencia de mi misma. Sigo teniendo miedo, sigo sintiéndome insegura, pero cada vez me entiendo y acepto más, cada vez me gusto y quiero mejor. Aprendo cada día un poquito más de mí misma y así puedo convivir mejor contigo, con otras personas y conmigo.

Así que... ahí estoy... buscando ese equilibrio entre conocerme a mi y conocerte a ti, entre entregarte mi tiempo y tener el mío. Buscando el punto de ese equilibrio dinámico que no se puede medir en una báscula con una lista precisa de ingredientes para una receta universal.

Comentaris

Sayuri ha dit…
Ou! hahhaha me suena conocido todo esto... sss pero esa búsqueda que es crecimiento es lo bello de la vida :D saludos!

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