dimecres, d’abril 09, 2008

Fuego

De Eduardo Galeano

Un hombre de un pueblo de la costa colombiana pudo subir a lo alto de una cima y desde allí pudo observar la vida humana.

Veía todas las personas y desde allí arriba, la gente parecía un mar de fueguitos. Cada individuo brillaba con luz propia diferente a todos los demás.

No había dos fuegos iguales. Había fuegos grandes y otros pequeños, fuegos de todos los colores. Personas con fuego sereno, que ni se enteran del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos que ni alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear y quien se acerca se enciende.

Inspirarse en como se resuelven problemas, no tratar de imitar los resultados

"La respuesta a nuestras preguntas no siempre ofrece solución a los problemas, más aún cuando se toman modelos de los que sólo...