dilluns, de setembre 08, 2008

Las estrellas de mar

Un sabio que se recluía durante parte del año a escribir y pensar en una casa en la playa, en una de sus caminatas, observó a un joven que se agachaba para recoger algo y tirarlo al mar, sistemáticamente una y otra vez.

El sabio se acercó y se dirigió a él:

-Buenos Días, ¿Qué está haciendo?

El joven respondió:
- Arrojo estrellas de mar al océano, hay sol y la marea está bajando, si no las arrojo al mar morirán.

- Pero joven, no se da cuenta de que hay miles de kilómetros de playa y miles de estrellas? ¿Realmente piensa que su esfuerzo tiene sentido?

El joven lo escuchó con atención, luego se agachó, recogió otra estrella y la lanzó mas allá de las olas.a

- Para esta sí tuvo sentido, contestó.

El sabio un poco molesto por la respuesta volvió a su casa a escribir, pero no podía dejar de pensar en las palabras de aquel joven obstinado.

Al día siguiente, se levantó y fue a la playa donde nuevamente encontró al joven y se pasó el resto del día arrojando estrellas al océano. Claro, había comprendido que el joven había aceptado que no podía salvar todas las estrellas, pero tampoco había renunciado a dejar su huella y salvar todas las estrellas que pudiese. Había decidido dejar de ser un mero observador y había pasado a la acción.

Los pequeños actos ayudan a mejorar. Es mucho más que no hacer nada.

Si deja de ser un obsevador y participa activamente no sólo aprenderá para ser efectivo sino que dejara su huella como el joven de las estrellas de mar.

diumenge, de juliol 13, 2008

Objectius

El dia a dia no ens permet parar-nos a pensar quins objectius tenim. Plantejar-nos aquestes qüestions i veure que no tenim resposta o que han de trencar la trencar la nostra quotidianietat.

L'home és un animal de costums. Trencar els seus hàbits provoca un desordre que obliga a pensar.

A Austràlia, implanten sistemes de treball per tenir més temps lliure.

Aquests síndromes de depressió són als grans nuclis urbans.

dimecres, d’abril 09, 2008

Fuego

De Eduardo Galeano

Un hombre de un pueblo de la costa colombiana pudo subir a lo alto de una cima y desde allí pudo observar la vida humana.

Veía todas las personas y desde allí arriba, la gente parecía un mar de fueguitos. Cada individuo brillaba con luz propia diferente a todos los demás.

No había dos fuegos iguales. Había fuegos grandes y otros pequeños, fuegos de todos los colores. Personas con fuego sereno, que ni se enteran del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos que ni alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear y quien se acerca se enciende.

Corrección

De Idries Shah, maestro sufí (1924-1996) La Sabiduría de los Idiotas Abdullah ben Yahya estaba enseñando a un visitante un manuscrit...