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Entrades

S'estan mostrant les entrades d'aquesta data: novembre, 2007

Recompensa por el burro perdido

Un día Nasreddin pierde su burro. Enseguida se va al mercado y se pone a gritar:

-“Al que encuentre mi burro se lo daré de regalo junto con sus alforjas”

Sus vecinos y amigos al oírle le preguntan extrañados:

-“Pero, Maestro, ya que lo vas a regalar, ¿para qué lo estás buscando?

Nasreddin sonríe moviendo la cabeza y contesta:

-“Vosotros no sabéis lo que es el placer de encontrar algo perdido…”

La prueba de los cuatro elementos

En el principio de los tiempos los hombres utilizaban armas de piedra, que se quebraban con facilidad; pasados los siglos las sustituyeron por utensilios de hierro, que si bien eran mucho menos resquebrajadizos, presentaban la desventaja de oxidarse rápidamente. Y entonces a un herrero se le ocurrió la feliz idea de crear una aleación de metales que llamó acero. Pero el acero, para llegar a serlo, debe pasar por las pruebas de los elementos: primero por el fuego para fundirse, acto seguido por el agua y por el aire, para endurecerse, y finalmente por la piedra para forjarse. Y por fin se convierte en espada de acero, las más resistente de las armas.

- Y supongo - dije yo, irónica - que la moraleja de la historia es que una sólo se hace fuerte después de superar todo tipo de pruebas.

- Fuerte no. Fuertes lo eran ya la piedra y el hierro - afirmó ella categórica -. Flexible. Ahí radica la diferencia. No puedes sobrevivir si no lo eres.

Beatriz y los cuerpos celestes, Lucía Etxebarría (pág.…

El pueblo de Highlands

En Highlands, durante la guerra, sus habitantes organizaron una muralla de defensa en su puerto formada por veinte bombarderos que habían recibido la orden de atacar a todo navío que llegara.

Aquel remoto lugar estaba situado en un valle rodeado por montañas y resultaba prácticamente inaccesible por tierra. Era un pueblo tan puñeteramente insignificante que al Almirantazgo se le olvidó enviar por cable la noticia de que la guerra había acabado. Así que durante años y años el pueblo permaneció incomunicado, atacando a todo barco que intentaba aproximarse...

Beatriz y los cuerpos celestes, Lucía Etxebarría (pág. 243)