dilluns, d’agost 20, 2007

El equipaje de las otras personas

Una señora quería comprar dos billetes en primera de Madrid a Argentina. En el momento de solicitar los números de pasaporte de las personas que viajan, el empleado de la compañía aerea se da cuenta que el acompañante es un mono. El vendedor consulta si un mono puede viajar en primera y la compañía se opone al deseo de la señora.

La señora muy influyente, hace uso de sus contactos y consigue, gracias a la recomendación de la dirección de la compañía, que el mono pueda viajar en una jaula especial cubierta con una lona en la zona del equipaje de mano.

La señora disgustada acepta y el día del embarque llega con la jaula cubierta con una lona con el nombre del mono bordada: "Federico". Ella misma supervisa que quede bien instalada y se despide de él tocando la lona y diciendo: "Pronto estaremos en tu tierra, Federico, tal y como se lo prometí a Juan"

A mitad del viaje, a un azafato se le ocurre llevarle un plátano al mono y, al destapar la lona, se da cuenta de que el mono está muerto en la jaula. Avisa al resto de la tripulación, con consternación y sabiendo las influencias de la señora, informan de lo acontecido a la supervisión para pedir instrucciones. La supervisión de la compañía decide que la señora no se entere de nada para que sus puestos de trabajo no peligren y deciden enviar una foto del mono al aeropuerto argentino para reemplazar el mono en destino.

Al llegar al aeropuerto, el personal sigue al pie de la letra las instrucciones y sustituyen el mono. Comparan el mono vivo con el mono muerto, le hacen algunos retoques, lo encierran en la jaula y se llevan al otro antes de que la señora se dé cuenta.

Al salir del avión, el personal le entrega el mono a la señora.

- Ay, Federico, Federico. Finalmente, ya estamos en tu tierra... - dice la señora descubriendo al mono - Pero... ¡Si este no es Federico!

- ¿Cómo que no? ¿No lo ve señora, es su mono, el que entró en el avión?

- ¡Este no es Federico!

- Señora, todos los monos son iguales. ¿Cómo sabe que no es Federico?

- Porque el Federico... estaba muerto.

La señora llevaba el mono a enterrar a Argentina. Era una promesa que le había hecho a su marido antes de que él mismo muriese.

No se pueden llevar la música


Mesé Figueredo era un mago del acordeón. En la explanada de Colombia no se celebraba ninguna fiesta sin él. Fuese la fiesta que fuese, Mesé Figueredo tenía que estar allí con sus hábiles dedos que alegraban el ambiente y revolucionaban las piernas.


Una noche en un camino perdido, iba Mesé Figueredo hacia una boda, él encima de una mula, encima de otra mula el acordeón. Unos ladrones le tendieron una emboscada, le saltaron encima y lo apalizaron.


Al día siguiente, alguien lo encontró. Tirado en el camino, hecho un guiñapo. La ropa hecha jirones, sucia de sangre y de polvo. Estaba más muerto que vivo y dijo con un hilo de voz:


- Se han llevado las mulas.


El caminante lo iba enderezando y le recomendaba que no hablara para reservar fuerzas, pero Mesé Figueredo continuó:


- Se han llevado el acordeón.


Volvió a coger aliento y sonrió:


- ¡Pero no han podido llevarse la música!


Recogido y adaptado del libro: L'Ecologia Emocional, Mercè Conangla i Jaume Soler (pág. 283)

Empuja la vaca

Un sabio maestro y su fiel discípula paseaban por un bosque, mientras le explicaba la importancia de conocer lugares diferentes, visitar y ...