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Entrades

S'estan mostrant les entrades d'aquesta data: agost, 2007

El equipaje de las otras personas

Una señora quería comprar dos billetes en primera de Madrid a Argentina. En el momento de solicitar los números de pasaporte de las personas que viajan, el empleado de la compañía aerea se da cuenta que el acompañante es un mono. El vendedor consulta si un mono puede viajar en primera y la compañía se opone al deseo de la señora.

La señora muy influyente, hace uso de sus contactos y consigue, gracias a la recomendación de la dirección de la compañía, que el mono pueda viajar en una jaula especial cubierta con una lona en la zona del equipaje de mano.

La señora disgustada acepta y el día del embarque llega con la jaula cubierta con una lona con el nombre del mono bordada: "Federico". Ella misma supervisa que quede bien instalada y se despide de él tocando la lona y diciendo: "Pronto estaremos en tu tierra, Federico, tal y como se lo prometí a Juan"

A mitad del viaje, a un azafato se le ocurre llevarle un plátano al mono y, al destapar la lona, se da cuenta de que el mo…

No se pueden llevar la música

Mesé Figueredo era un mago del acordeón. En la explanada de Colombia no se celebraba ninguna fiesta sin él. Fuese la fiesta que fuese, Mesé Figueredo tenía que estar allí con sus hábiles dedos que alegraban el ambiente y revolucionaban las piernas.

Una noche en un camino perdido, iba Mesé Figueredo hacia una boda, él encima de una mula, encima de otra mula el acordeón. Unos ladrones le tendieron una emboscada, le saltaron encima y lo apalizaron.

Al día siguiente, alguien lo encontró. Tirado en el camino, hecho un guiñapo. La ropa hecha jirones, sucia de sangre y de polvo. Estaba más muerto que vivo y dijo con un hilo de voz:

- Se han llevado las mulas.

El caminante lo iba enderezando y le recomendaba que no hablara para reservar fuerzas, pero Mesé Figueredo continuó:

- Se han llevado el acordeón.

Volvió a coger aliento y sonrió:

- ¡Pero no han podido llevarse la música!

Recogido y adaptado del libro: L'Ecologia Emocional, Mercè Conangla i Jaume Soler (pág. 283)