dilluns, de juliol 30, 2007

La sed


Un hombre estaba perdido en el desierto, destinado a morir de sed.

Por ventura, llegó a una cabaña vieja, desmoronada, sin ventanas, sin techos, el hombre anduvo por ahí y se encontró con una pequeña sombra dónde acomodarse para huir del calor y del sol desértico.

Mirando a su alrededor, vio una vieja bomba de agua, toda oxidada, se arrastró hacia allí, tomó la manivela y comenzó a bombear, a bombear y a bombear sin parar, pero nada sucedía!

Desilusionado, cayó postrado hacia atrás; notó que a su lado había una botella vieja, la miró, la limpió de todo el polvo que la rodeaba, y pudo leer un recado que decía: Usted necesita primero purgar la bomba con toda el agua que contiene esta botella mi amigo, después, por favor tenga la gentileza de llenarla nuevamente antes de marchar.

El hombre desenroscó la tapa de la botella, y en realidad, ahí estaba el agua.

¡La botella estaba llena de agua!

De repente, él se vio en un dilema:

Si bebía aquel agua podría sobrevivir, pero si la vertía en esa bomba vieja y oxidada, tal vez obtendría agua fresca, bien fría, del fondo del pozo, y podría tomar toda el agua que él quisiese, o tal vez no, tal vez, la bomba no funcionase y el agua de la botella sería desperdiciada...

¿Qué debía hacer?

¿Derramar el agua en la bomba y esperar a que saliese agua fresca o beber el agua estancada de la botella e ignorar el mensaje?

¿Debería perder toda aquella agua en la esperanza de aquellas instrucciones poco confiables escritas no se cuánto tiempo atrás?

Con reluctancia, el hombre derramó toda el agua en la bomba, enseguida agarró la manivela y comenzó a bombear y bombear, y la bomba comenzó a rechinar sin parar, pero… ¡nada pasaba!

La bomba continuaba con sus ruidos y entonces surgió un hilo de agua, después un pequeño flujo y finalmente, el agua corrió con abundancia, agua fresca, cristalina, él llenó la botella y bebió ansiosamente, la llenó otra vez y tomó aún más de su contenido refrescante.

Enseguida, la llenó de nuevo para el próximo viajante, la llenó hasta la boca, tomó la pequeña nota y aumentó la frase "CRÉAME FUNCIONA".

dimecres, de juliol 11, 2007

Aprendí

  • He aprendido que la vida es como un rollo de papel higiénico. Cuanto más se acerca a su final, más rápido se va.


  • He aprendido que debería estar contenta de que Dios no me conceda todo lo que pido.


  • He aprendido que el dinero no me da estatus.


  • He aprendido que son las pequeñas y cotidianas cosas las que hacen la vida tan espectacular.


  • He aprendido que muy dentro de cada persona hay alguien que desea ser apreciada/o y amada/o.


  • He aprendido que Dios no lo hizo todo en un día. ¿Que me hace pensar que yo sí puedo?


  • He aprendido que ignorar las cosas, no las cambia.


  • He aprendido que cuando quiero desquitarme de alguien, sólo permito que siga hiriéndome.


  • He aprendido que es el amor, y no el tiempo, lo que cura las heridas.


  • He aprendido que la mejor manera que existe de crecer es rodearse de personas que sean más listas que yo.


  • He aprendido que cualquier persona que conozca, merece ser saludada con una sonrisa.


  • He aprendido que no hay nada más dulce que dormir con bebés y sentir su respiración en las mejillas.


  • He aprendido que ninguna persona es perfecta hasta que me enamoro de ella.


  • He aprendido que la vida es dura, pero yo lo soy más.


  • He aprendido que las oportunidades nunca se pierden, las que yo desperdicie, alguien las encontrará.


  • He aprendido que si albergo amargura, la felicidad buscará otro sitio para albergarse.


  • He aprendido que me hubiera gustado decirle muchas veces a mi familia que la quiero, antes de que muera.


  • He aprendido que debo pronunciar palabras suaves y tiernas, porque el día de mañana tendré que comérmelas.


  • He aprendido que una sonrisa es la forma más barata de mejorar mi apariencia.


  • He aprendido que no puedo escoger como me siento, pero sí como actuar al respecto.


  • He aprendido que cuando un bebé me coge un dedo con su mano, me agarra para toda mi vida.


  • He aprendido que todas las personas quieren vivir en la cima de la montaña, pero toda la felicidad y crecimiento ocurren mientras la estamos subiendo.


  • He aprendido que sólo debo aconsejar en dos circunstancias: cuando me lo pidan y cuando la vida de alguien corra peligro.


  • He aprendido que cuanto menos tiempo tengo para trabajar, más cosas hago.

dilluns, de juliol 09, 2007

Racionalizar nuestros pensamientos y Coaching

¿Es el proceso de Coaching un proceso de racionalización? ¿Darle nombre a lo que pasa para entenderlo y tirar adelante?

Sé que el Coaching no analiza los problemas, ya que el Coaching los transforma en retos o los aparca para seguir, seguir adelante.

Parece que si no explicamos lo que queremos, no tenemos rumbo. Debemos saber qué nos gusta y que nos guste siempre. Si no lo hacemos así, no somos personas racionales.

Si yo misma me autocoacheara, me preguntaría si necesito ser racional. La respuesta es NO. Pero tampoco me satisface. Yo soy de acción y sé que cuando hago cosas, me siento realizada. Cuando las reflexiono, analizo los motivos por los cuales he hecho una u otra cosa o analizo las causas que me mueven a hacer una u otra.

En todos los manuales indica que hay que analizar, que debemos realizar un DAFO, que debemos saber las causas y los efectos. Pero si no llegamos a hacer nada porque estamos entretenidos con DAFOS, ¿a quien le importa los porqués?

A mí. Resulta que necesito saber el porqué de todo. No de las otras personas, sino los míos, de mis acciones, pensamientos, palabras... Todo debe tener una explicación y el día que estoy de bajón, existe una causa y el día que estoy contenta también...

Pierdo tanto tiempo en ese análisis tan profundo que no sé encontrar el equilibrio entre la acción y el análisis. No quiero tirarme a la piscina y en el aire darme cuenta de que no hay agua. Quiero ver que hay agua y luego tirarme. No hace falta saber si el agua está a la temperatura adecuada, si cuando salga hará frío o si hago un salto perfecto. Me interesa tirarme, con agua eso sí.

Sigo buscando ese equilibrio que sigo sin encontrar. Los días que paso a la acción soy feliz, los días que reflexiono me hacen sentir inteligente, bien conmigo misma. Pero si me miro demasiado el ombligo, ya vuelvo a estar de bajón.

Vuelve a ser un tema de sostenibilidad, de equilibrio...

Vuelvo a coachearme:
- ¿Hace falta encontrar ese equilibrio?

Respondo:
- Necesito racionalizarme. Entiendo que soy una persona con otras inteligencias: emocional, musical... hasta nueve creo que son en total. Pero soy demasiado racional para dejarme llevar por otra que no sea así.

Coach: ¿Y qué vas a hacer?
Cris: Voy a desarrollar el resto de inteligencias.
Coach: ¿Cómo?
Cris: No tengo ni idea, pero ya me he cansado de tanto pensamiento racional.

dilluns, de juliol 02, 2007

Riesgos de volar bajo

”Cuando empecé a pilotar, mi angustiada madre, ya que no podía disuadirme de tan insólita locura, me recomendó que, por lo menos, tuviera mucha prudencia: “Vuela bajito y despacito, hijo mío!” Era un entrañable pésimo consejo: no hay nada tan peligroso para un avión como volar despacio y además a poca altura. En realidad los aviones no pueden volar despacio por definición. Se mantienen en vuelo justamente gracias a la fuerza de sustentación generada por el aire que se desliza a gran velocidad a lo ancho del perfil del ala (…)

Así, pues, el arte de volar es bastante paradójico: la seguridad crece con la altitud (dentro de un orden), con la velocidad (hasta cierto punto) y con el frío (sin pasarse). Pero hay más paradojas: hay que despegar contra el viento (…)

La vida también se pilota así: contra el viento, alto y deprisa. Volar bajo es peligroso. Las personas que viven tocando tierra se engañan con la falsa esperanza de recibir tan sólo un golpe suave en caso de caída. En realidad, no hay nada tan seguro como poner aire de por medio, o sea, grosor existencial, altura de miras. Uno no puede limitar sus aspiraciones al bacatazo soportable, entre otras razones, porque nadie se estrella nunca muellemente: es imposible capotar con elegancia, siempre se quiebran muchas cosas cuando uno se desploma.

Lo prudente es volar alto y encarar los vientos, dominar el planeo y verlas venir. La prudencia es enemiga de la pusilanimidad: los timoratos acaban siendo temerarios. Los buenos navegantes, en caso de galerna, prefieren el mar abierto, lejos de la costa y sus peligrosos rompientes. Los temporales hay que capearlos con espacio de maniobra. Las águilas nunca se caen, mientras que las gallinas chocan incluso con su propio bebedero en sus cortos vuelos rasantes.”

(Ramón Folch: “El vicio de mirar: pasiones y paisajes de un ecólogo”)

Boletín Semanal Espai Coach

Empuja la vaca

Un sabio maestro y su fiel discípula paseaban por un bosque, mientras le explicaba la importancia de conocer lugares diferentes, visitar y ...