dilluns, de gener 15, 2007

El eco de la vida II

Hace algunos meses le dije a una cliente que leyera la historia del Eco de la Vida y me respondió que era otra bonita historia que no le servía para nada.

Debería decir que supe qué decir y que el "nada" me indicó qué debíamos trabajar. No fue así y sigo dándole vueltas, supongo que todo es cuestión de distancia:

No se consigue el eco de la montaña si no es a una distancia apropiada. Así la vida, cumplidora, nos devuelve generosamente lo que emitimos, aunque uno pretenda lo contrario.

La petulancia del poder eterno es una ilusión que hace sufrir. Muy pocos se retiran a tiempo. Pretendemos que nos quieran, nos admiren o nos idolatren. Ello guarda muchas veces relación directa con la autoestima, muchas veces automutilada.

Los antojos suelen tener un alto coste social y personal, malogran el poder de lo simple, de lo espontáneo; de disfrutar con lo que somos y con lo que tenemos, sin pretensiones superficiales.
Cuentos para regalar a personas originales, Enrique Mariscal (pág. 54)

Corrección

De Idries Shah, maestro sufí (1924-1996) La Sabiduría de los Idiotas Abdullah ben Yahya estaba enseñando a un visitante un manuscrit...